• Ana Acosta

La experiencia Hamilton - Parte 2


Esperando por las entradas - We Get the Job Done

En cuanto nos bajamos del avión fuimos a ver Spamilton, una sátira basada en Hamilton. ¡Qué placer! Por fin estábamos rodeadas de gente que sabía qué era Hamilton. Pensábamos ir al teatro y preguntar por ahí para ver a qué hora despertarnos el día siguiente para ir a la fila de cancelaciones (después de investigar bastante llegamos a la opción más segura) y realmente tener chance de conseguir entradas, pero no tuvimos tiempo. Por suerte, al lado nuestro había una mujer de Chicago que ya había pasado por esto y no solo compartió su experiencia con nosotras, si no que también nos dio algunos consejos ya que se estaba quedando cerca del teatro y había visto las filas recientemente. En resumidas cuentas, ya que eran las fiestas queríamos llegar temprano. Así que, el 26 de diciembre, a eso de las seis de la mañana, salimos hacia el Rodgers Theatre.



A lo lejos vimos que ya habían cuatro o cinco personas. Dos chicas con experiencia: tenían bolsas de dormir y habían llegado a las 5. Después nos enteramos que estaban haciendo la fila para alguien más a cambio de la entrada y que iban a ver el musical por décima vez. No perdíamos las esperanzas, pero no sé cómo hubiésemos reaccionados si ellas entraban y nosotras no. No parece justo, aunque hayan hecho el esfuerzo. Había otra chica envuelta en una frazadita que vino de otro estado y se enteró luego del negocio de las otras chicas y también encontró a alguien que pagara su entrada. Le seguían dos adolescentes que llegaron unos minutos antes que nosotras y también iban a sacar entradas para sus padres, lo que quería decir que todos iban a sacar dos entradas y que estábamos en 11º y 12º lugar en la fila. Seguíamos esperanzadas, pero nos preocupaba un poco al sacar cuentas. No íbamos a saber hasta último momento y era un tanto desesperante. A eso de las 9 llegaron más personas que se ubicaron detrás de nosotras. Pensaron que era posible comprar entradas en cuanto abriera la boletería y, cuando les explicamos cómo funcionaba, algunos se fueron y otros decidieron gastar miles de dólares en las mejores entradas que estaban disponibles. A las 10 llegaron una familia de Texas, dos hombres de California, un muchacho de China y otra familia de Georgia y armamos un lindo grupito de compañeros de fila.


Compartimos historias de dónde veníamos y cómo Hamilton había entrado a nuestras vidas. Claudia, de Texas, es profesora de español y sus padres fueron a Estados Unidos de México. Estaba de vacaciones con su marido y su hijo adolescente, pero a su hijo no les interesaba el musical. ¿Lo pueden creer? La chica de Georgia no salía del shock. Lamentablemente, su familia decidió irse de la fila y buscar entradas para otro espectáculo. Quedó desconsolada. El muchacho de China estaba ahí por la experiencia. Parece que en China no está permitido hacer fila.


Nos preguntamos si Lin era consciente del monstruo que había creado en este sentido. Veníamos todos de entornos completamente distintos y compartimos nuestras historias en las calles de Nueva York gracias a una obra de Broadway. Uno de los hombres de California también había emigrado hace años a raíz de la guerra de los Balcanes de la década del 90 y más tarde conocimos a su familia. Es difícil transmitir lo conmovedor que fue escucharlo hablar sobre los logros de su hija que estaba por irse a la universidad sabiendo que en unas semanas asumiría Trump y, con solo una firma, podría borrar los futuros más brillantes de tantos refugiados como ellos.


Uruguay, Texas, China y California

El tiempo pasó rápido, tomábamos turnos para ir al baño e ir a buscar café (y sopa) más o menos cada dos horas porque estaba helado. Finalmente, alguien de la boletería salió a decirnos que estimaban que se liberarían unas 16 entradas ese día. ¡No lo podíamos creer! ¡Entrábamos! Cuando a las 17 hs empezaron a llamar gente de la fila, las manos de Ana temblaban - o mejor dicho, todo su cuerpo- y no era por el frío. Esas personas se llevaron las entradas de la lotería nadie fue a buscar y que correspondían a las primeras filas. Éramos las siguientes. Estábamos paradas en la fila sin saber cuándo nos iban a llamar ni cuánto tiempo iba a llevar pagar, llegar a nuestros asientos y realmente comprender lo que estaba pasando antes de que tocaran los primeros acordes. Los que tenían entradas hacían fila al lado nuestro y nos miraban como si estuviésemos locas. Otros preguntaban hacía cuánto tiempo que estábamos esperando y si íbamos a conseguir entradas. Fueron los primeros en alentarnos cuando finalmente nos llamaron para entrar.


No teníamos la más mínima idea de cuáles iban a ser las entradas; pagamos y entramos. Todavía quedaban 10 minutos así que Mariel fue al baño y Ana esperó con ansiedad a que volviera. Cuando llegamos a nuestros asientos, nos quedamos de boca abierta. Teníamos vista de todo el escenario, la mejor vista que nos había tocado en nuestras vidas. Sacamos un par de fotos del escenario. A nuestro alrededor la gente se reía de nuestro entusiasmo. La pareja que estaba sentada atrás nuestro se ofreció a sacarnos una foto y luego se escuchó el anuncio del Rey instándonos a apagar nuestros celulares durante la actuación.


Mirar el musical - What’d I Miss?

Mariel rara vez duerme en el avión y, sin embargo, es muy buena evitando el jet lag (tal vez no dormir en el avión sea el secreto). Pero no haber dormido mucho la noche después de llegar no la ayudó. Durante el día, la emoción venció al frío, el hambre, el cansancio, las contracturas. ¡Después de tantas hora de esperar, finalmente era hora de disfrutar del espectáculo! Estaba llena de adrenalina y nada se lo impediría.


El primer acto fue increíble. Cantó todas las canciones y le puso especial actitud a The Schuyler Sisters y Satisfied. ¿Cómo era que habían llegado acá finalmente? Bueno, capaz que si no hubiese un intervalo entre los actos esto hubiese sido sostenible… después de todo la última canción del primer acto es Non-Stop. Pero las últimas 48hs finalmente le estaban pegando y no importaba cuánto se esforzara por seguir, la adrenalina se agotaba; durante el segundo acto su cuerpo se empezó a desmoronar de a poco y sus párpados se iban cayendo. Finalmente decidió que iba a elegir las canciones en las que terminaría de drenar sus fuerzas para mantenerse despierta y tomó pequeñas siestas en las que no eran de vida o muerte para ella. Era un poco triste haber llegado ahí y terminar como la bella durmiente, pero a veces hay que priorizar y es algo en lo que es muy buena. Philip no la deslumbró, pero sí escuchó quién contó su historia.



Vuelta a la realidad - What Comes Next?

Después del musical, fuimos a tomar algo. Ana quería tomar un vaso de cerveza Sam Adams -a la tierra que fueres…- y nos sentamos en silencio, mirando a la nada. Tal vez era el cansancio, el agotamiento físico y emocional, o tal vez todavía estábamos procesando todo… La verdad que fue una experiencia muy catártica. Estar en Nueva York después de las elecciones del 2016, conocer a toda esa gente maravillosa en la fila, aplaudir hasta que nos dolieron las manos al escuchar “immigrants, we get the job done” (los inmigrantes hacemos lo que haga falta) y celebrar a una mujer como Eliza Hamilton, fue como si nosotras, como ciudadanas del mundo, tuviésemos una plataforma para expresar nuestro apoyo en un momento en el que era, y es, muy necesario. Realmente significó mucho para nosotras estar allí en ese momento histórico en particular. Ana probablemente no se hubiese animado si no fuese por la resolución y convicción de Mariel, que hacía que quisiese estar ahí y experimentarlo en persona desesperadamente. Siempre estamos planificando el próximo viaje y esperamos poder ver Hamilton en Londres en algún momento. Si vamos a soñar, mejor soñar en grande, ¿no?

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