• Ana Acosta

Ojo con lo que deseas

Si nos siguen en nuestras redes sociales, probablemente ya sepan que estamos en Sevilla. De a poco les iremos contando más sobre qué hacemos en este hermoso rincón del mundo y cómo llegamos hasta acá, pero hoy quisiéramos enfocarnos en nuestro período de adaptación a una nueva ciudad, con todo lo que implica el cambio de ritmo y de costumbres cuando ya no estás solo de pasada sino que optaste por transformar esa ciudad en tu nuevo hogar.

Lo primero que hicimos cuando supimos cuál sería nuestro destino fue empezar a seguir las cuentas del Ayuntamiento, suscribirnos a su boletín y, a partir de ese primer paso, una cosa llevó a la otra, y en cuestión de días ya teníamos una serie de actividades culturales agendadas para acelerar la inmersión durante el primer mes.


Tour a pie


No hay mejor forma de familiarizarse con una nueva ciudad que haciendo un tour a pie y si es guiado por un local, mucho mejor, siempre lo decimos. Tuvimos la suerte de tener a Marta como nuestra guía y no solo nos contó la historia de las calles y callejones de Sevilla, desde su pasado árabe y romano hasta llegar a nuestros días, sino que también nos dio una larga lista de lugares donde nos recomendaba comer. Así descubrimos que la gastronomía regional en España es casi tan importante como el flamenco y uno de los principales motivos de orgullo.


Teatro


Gracias al boletín del Ayuntamiento, nos enteramos que una actriz emblema de España, la gran Carmen Maura, pisaría las tablas del Teatro Lope de Vega con una obra que al leer su sinopsis nos generó bastante intriga. ¡Qué gran acierto! Jamás imaginamos ver a una de las actrices de Almodóvar en vivo y la verdad que no defraudó. “La golondrina” se encuentra de gira en distintos países con elencos locales, así que si tienen oportunidad de verla, no dejen de hacerlo. Recomendamos ir sin saber mucho más de la trama, en un principio parece ser una cosa, pero da un giro imprevisible que nos erizó la piel.


Noche en blanco


Una semana después, nos llegó el boletín del fin de semana con las actividades previstas para una noche muy especial en la que muchos sitios de interés abren fuera de hora y cobran una entrada reducida o simplemente permiten el acceso libre. No se pueden imaginar la cantidad de opciones. Cuando pasa esto, lo mejor es tener un plan B. Armamos una lista con nuestro top tres y sus alternativas en caso de fallar, ya fuera por falta de cupo o por la hora.



Por suerte logramos cumplir con nuestro muy ambicioso objetivo: hicimos un recorrido que nos llevó por lugares claves en la historia de mujeres sevillanas que dejaron su huella aunque no siempre sean recordadas (como Doña Guiomar y Pastora Imperio), visitamos la Giralda y nos sorprendió la agilidad en que avanzó la fila siendo uno de los puntos más atractivos y más populares de la ciudad, y por último, a la medianoche, nos subimos a uno de los buses turísticos sin techo para ver Sevilla como no habíamos podido verla hasta ese momento. No habríamos podido llegar con energía suficiente a esa hora de no ser porque hicimos una parada estratégica para devorar un par de tapas en uno de los cientos de bares pintorescos del casco antiguo. Pero la oferta gastronómica se merece una publicación aparte, mejor no ahondar ahora en eso o corremos el riesgo de irnos por las ramas.


Visita teatralizada a los navíos


Esta actividad tenía un costo pero, ¿cuándo se iban a volver a alinear los astros de esa manera? Estábamos en España en vísperas del 12 de octubre y las casualidades de la vida quisieron que fuera en el año del 500 aniversario de la primera vuelta al mundo, cuando Sevilla conmemoraba el hecho ofreciendo visitas a réplicas de navíos atracados en su muelle. Nos recibió un grupo de actores en personaje y nos fueron contando cómo era su vida arriba de galeones y carabelas del siglo XV según la función que desempeñaban en las expediciones españolas y portuguesas.


Es fascinante poder escuchar la versión de los hechos del otro lado, el de los conquistadores, los que nos “descubrieron” y terminaron saqueando el continente. Vale mencionar que, a estas historias que suelen estar muy marcadas por la impronta masculina, sumaron visiones de dos mujeres, reales o no, seguramente haya sido la historia de muchas que luego fueron olvidadas por los libros de Historia.


Visita guiada con un técnico restaurador del Real Alcázar



¿Cuál es la principal ventaja de ser activa en Twitter y seguir las cuentas correctas? Cuando el Alcázar puso 80 entradas gratuitas a disposición del público en general para que sean de los pocos afortunados en tener a un experto a disposición para conocer más a fondo el trabajo de restauración de sitios históricos declarados patrimonio de la humanidad, fuimos de las primeras en enterarnos y conseguir entradas. Al terminar el recorrido de unos 45 minutos en los que nos hizo ver detalles que pasarían inadvertidos para un ojo poco entrenado en el arte, tuvimos el resto de la tarde para recorrer los salones y los jardines libremente.


Concurso de cortadores de jamón


¿Acaso hay algo que suene más español que un concurso de cortadores de jamón? Cuando vimos los afiches en la calle no entendíamos muy bien de qué se trataba, pero cuando llegamos ese domingo a la Plaza España descubrimos el nivel de seriedad con el que se habla del dominio de la mejor técnica en el arte de cortar y presentar el jamón. Habían dispuesto a los finalistas en varias carpas donde se los podía ver trabajar mientras que en un escenario montado a un lado iban desfilando artistas vestidos en los típicos trajes de flamenco. Durante el concurso, también se ofrecían platos de jamón para degustar por 6 euros. No sería el plato de ravioles de la abuela, pero fue un buen domingo.


Reunión de casas regionales y provinciales


En la ciudad que nunca duerme, ese mismo fin de semana hubo un encuentro de representantes de distintas comunidades españolas. Reunidas en puestos alrededor de la Plaza Nueva, se ofrecían productos de cada región y pudimos probar queso de cabra y salchichón ibérico de Extremadura y un rico vasito de horchata valenciana en una media tarde de octubre de muchísimo calor. En el centro de la plaza habían montado un escenario donde pudimos escuchar el himno de Asturias y nos enseñaron el escanciado de la sidra. Nos fuimos seguras de estar más que preparadas para salir a recorrer un país que resultó ser mucho más diverso y complejo de lo que esperábamos.



Fiesta de las naciones


Y como si todo esto fuera poco, nuestro primer mes en Sevilla terminó con un paseo por el Prado de San Sebastián, donde no solo se podía dar una vuelta gastronómica alrededor del mundo, sino que también nos encontramos con artesanías y vestimentas de distintos países. No niego haberme emocionado al ver los locales dedicados a Argentina con sus alfajores de maicena y el choripán en la parrilla. Todos los días había algún espectáculo musical, pero el verdadero atractivo para nosotras esa noche fue la cena. No nos podíamos decidir hasta que escuchamos a un grupo de cocineros de lo más alegres, cantando y bailando música tradicional mientras preparaban la paella, pollo al disco y chorizo a la sidra con patatas. Quizás hayamos tenido que hacer un té digestivo al llegar al piso, pero valió la pena.



Si algo hemos aprendido en estas primeras semanas en Sevilla es que si le dedicas tiempo y prestas atención a todo lo que hay para ver y para hacer, aunque no sea una de las ciudades más grandes, es igualmente inabarcable. La ventaja es que ahora somos residentes oficiales y, a pesar de ser adoptadas temporalmente, tenemos las mismas oportunidades que los sevillanos para aprovechar al máximo su cultura, su historia, en fin, su esencia, a cual más rica y cautivante.


En fin, lo difícil de vivir en una ciudad que tiene tanto para ofrecer todos los días de la semana será estudiar y trabajar cuando cada fibra de nuestro ser nos pide salir a ser turistas… ¿Cómo es la expresión? Ojo con lo que deseas.


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