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Presentamos: Mánchester y las abejas

Actualizado: 13 de dic de 2020

A principios de 2020, tuvimos la oportunidad de visitar Manchester. La ciudad nos impactó de tal forma que no paramos de escribir. Para empezar, queremos compartir nuestras primeras impresiones.


La mirada de Ana: de la canciones a la vida real

Nos bajamos del tren, a pesar de que no era muy tarde, ya estaba oscuro y una suave y fría llovizna nos daba la bienvenida a la tierra que dio origen a buena parte de la música que escucho, sí, escucho música así de deprimente. Caminábamos hacia el hotel y de pronto vi algo a través de mis lentes empañados que me llevó a detenerme en seco. Frente a mí había un muro de ladrillos de un pub que daba a un terreno baldío y en él aparecía pintada la imagen de las manos de la Creación de Adán de Miguel Ángel y abajo decía: “On the sixth day, God created MANchester”. Un juego de palabras que da a entender que Dios no solo creó al hombre, Dios se tomó tiempo de su apretada agenda para crear específicamente la ciudad de Manchester. En ese momento empecé a entender que el ego de un par de hermanos de apellido Gallagher quizás podría remontarse al orgullo regional de todos los mancunianos.


¿En serio es todo gris? Esa fue mi primera reacción, ese día lo vi así. Dejamos nuestras maletas en el hotel y fuimos al supermercado más cercano a comprar la cena. El panorama era desolador: en una esquina habían instalado una especie de comedor ambulante para dar comida caliente a quien se acercara a pedir un plato. Más tarde nos enteramos de que en Mánchester es donde fallecen más personas en situación de calle en todo el Reino Unido (haz clic aquí para leer la noticia en inglés). A través de la lluvia todo se ve más gris, pero en esos primeros días de 2020, surgieron algunos destellos de humanidad en las calles de Manchester.

Al día siguiente, para el walking tour, nos preparamos para el clima y llegamos al punto de encuentro con gorros, bufandas y guantes. Nuestro guía, un estudiante de Historia local que solo llevaba una camperita liviana y tenía el pecho completamente descubierto aunque soplara un viento helado, nos identificó como turistas muy fácilmente. Para mis adentros pensaba: esta gente está preparada para hacerle frente a lo que sea. Ya Mariel les contará con más detalle lo que aprendimos en el tour, pero sepan que con esa primera apreciación me quedé corta.

En resumen, ¿saben lo que me pasó con Mánchester? Esperaba que, así como se da con la Nueva York de las películas de Scorsese, el Mánchester de las canciones ya no existiera, pero aunque parezca imposible, sigue estando ahí.


Son los callejones que parecen salidos de Peaky Blinders, los murales de protesta que bien podrían haber decorado una de las pancartas de los manifestantes en Peterloo, de las sufragistas o de los sindicalistas mancunianos. Es el cielo perpetuamente gris y las gotas de lluvia helada.

Es su gente: la adolescente que canta y baila por la calle a las 5 de la tarde como si fueran las 4 de la madrugada, los amigos borrachos que se cargan al hincha del otro cuadro en la puerta del pub donde vieron el partido o los que festejan con cantos de barra brava camino al tranvía.


Es el chico punk que busca refugio en Piccadilly Records, el grupo de amigas eligiendo ropa que en otro lado sería excéntrica, pero en Affleck's es normal. Es el restaurante etíope que abre la cocina familiar para dos locas que cenan a las 11 de la noche y el camarero que lleva el Northern Soul en la voz.


Es la ciudad que todavía mantiene en pie el buzón de correo que sobrevivió al atentado del IRA a pocas cuadras de un mural de Ariana Grande, que recién en 2018 erigió la primera estatua en honor a una mujer y que para 2020 se propuso hacer una revisión feminista y migrante de sus museos.

Mánchester es la suma de todas sus contradicciones. El cambio es constante y aún así hay cosas que no cambian, lo viejo y lo nuevo conviven, los almacenes abandonados en barrios donde nadie quería vivir, ahora son su centro vital. Se siente en su música, se llega a entender de verdad al verlo uno mismo. Como se describe de manera tan genial en este fragmento de City of Revolution: Restructuring Manchester:

“A pesar de un siglo de decadencia y once años de Margaret Thatcher, a pesar del pésimo clima y perspectivas de futuro aún más pésimas, a pesar de las viviendas lúgubres, los edificios tapiados, las obsesiones superficiales de la cultura de la noche, las drogas, las pandillas y la basura en la calle, Manchester aún se siente viva. Ese es un logro, dure lo que dure. La ciudad sobrevive gracias a pequeños actos de resistencia. En medio de las ruinas de un imperio, los chicos están bailando”.


La mirada de Mariel: un gran misterio

Manchester es una ciudad llena de contradicciones, de contrastes, llegaría a decir que de paradojas. Desde su arquitectura —una mezcla de almacenes industriales venidos a menos y edificios de cristal modernos y fríos— hasta sus tiendas —el monstruoso shopping Arndale con un complejo de viviendas en lo que sería su azotea que contrasta notablemente con las tiendas peculiares, excéntricas y originales de Affleck’s—, la comida —una mezcla de pubs y gastronomía de todo el mundo— y el clima indeciso —siempre húmedo y que te hiela hasta los huesos, pero que cambia constantemente de soleado a lluvioso.


En mi primera visita a Inglaterra, hace ya eight años, hice una lista de ciudades a visitar. Me era imposible ir a todas y tuve que elegir. Manchester fue una de las que taché. Tal vez fue para mejor. Tal vez a mis 25 años Manchester no hubiese tenido el impacto que tuvo a mis 32, o tal vez el Manchester de 2013 no se compararía con el de hoy. A uno le puede encantar una ciudad. O la puede odiar. Pero Manchester cautiva, te invita a un misterio que creo llevaría bastante tiempo descifrar.


Una de mis partes favoritas de los dos tours a pie que hicimos con Josh en nuestra muy, pero muy corta visita de tres días (que detallaré más adelante) fue su énfasis en el poder de transformación que tiene Manchester. En cómo la ciudad cambia y evoluciona constantemente. En cómo nunca deja caer los brazos y cómo ha logrado (o al menos intentado) sobrevivir unos cuantos eventos históricos más que desabridos, por más que le haya llevado su tiempo en algunos casos.

Después de decidirnos por este destino y de pura casualidad, escuché un episodio del podcast de Jonathan Van Ness en el que estaba Tan France como invitado. El episodio comenzó con un tono ligero, con la interacción adorable a la que los Fab Five nos tienen acostumbrados, pero luego el foco tornó a la experiencia de Tan como musulmán en Reino Unido. En un momento durante la entrevista, habló sobre la xenofobia y el racismo generalizados que lo llevan a admitir que, aunque Manchester siempre va a ser su casa, nunca se le ocurriría volver a vivir allí. Esta realidad (que según Tan sigue vivita y coleando) fue difícil de conciliar con el Manchester que vi y la historia que aprendí, aunque tiene mucho sentido en el mundo en el que estamos viviendo. Es difícil de conciliar con nuestra caminata de la estación Piccadilly hacia el alojamiento, cuando atravesamos el famoso barrio gay cubierto de banderas arcoiris. Con las banderas LGBT hechas de azulejos en las aceras de toda la ciudad. Con Manchester como lugar de nacimiento de Emmeline Pankhurst, quien impulsó el derecho al voto para las mujeres. Con la ciudad de la masacre de Peterloo, en donde murieron 18 personas y hubo cientos de heridos durante protestas pacíficas y que está tan presente en la cabeza de los mancunianos hasta el día de hoy. Con una ciudad conocida por su arte callejero, su lucha por la libertad de expresión y proyectos como Cities of Hope. Con un museo de historia que comparte orgullosamente los valores de inclusión, igualdad y entendimiento mutuo. Lo que sí es verdad es que la ciudad me resultó mucho menos cosmopolita que las capitales como Cardiff o Londres (aunque esto puede ser porque nos quedamos en un sitio céntrico dada nuestra corta estadía). También es verdad que en los últimos años me he enfrentado cada vez más a la realidad de que nunca nada es lo que parece y que vivimos en una sociedad cuyo odio ha sido validado por personas en posiciones de poder que también lo sienten. Habiendo cubierto esto puedo volver a esta ciudad de contradicciones, un misterio que me llevará mucho tiempo resolver.

Cartel sobre la realidad del otro lado de la puerta

Hay muchas historias que vale la pena contar sobre la ciudad y su historia. Muchos lugares y recomendaciones. En un próximo artículo, intentaremos (aunque probablemente fallemos) cubrirlos, pero el objetivo principal es no solo inspirarlos a visitar esta ciudad y quedarse más que nosotras (tres días no son suficientes ni de cerca), sino más bien salir a explorarla, a sumergirse y descubrir todos sus rinconcitos, visitar los museos, las bibliotecas y las galerías. Sentarse a ver la gente pasar a diferentes horas del día. Y, como comentario importante, si no van de muy al norte o muy al sur, lleven muchas capas de ropa o planeen su visita para fines de la primavera.




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