• Ana Acosta

Un mundo entero al otro lado de la puerta

Quiero ver lo que vieron los demás


¿Cuándo fue que me enamoré de Escocia y todo lo que tenga que ver con los escoceses? ¿Cómo fue que pasó? No creo que pueda precisar el momento exacto, me da la impresión de que fue un proceso, pero la banda Travis sin duda tiene mucho que ver.


Todo empezó con Travis y The Man Who

A los 13 años ya había empezado a soñar en inglés, probablemente tuvo más que ver con que mis padres pusieran cable que con las clases que cursaba después del liceo, y mis gustos musicales pasaron de bandas de chicos al Britpop y el rock. Fue en este período particular de mi vida que mi hermana mayor consiguió The Man Who, y el resto es historia. La música de Travis me teletransportaba a un lugar entre las montañas donde el sol casi nunca brillaba, donde la gente hablaba con acentos raros y, a pesar del océano que nos separaba, sentía que sus canciones podrían haber sido escritas por alguien en Uruguay. Pasé horas intentando traducir las letras de sus canciones y mirando las fotos del librito del disco. Algún día iba a conocer ese lugar.


Quiero vivir en un mundo al que pertenezca


Me di vuelta y esta era mi vista

Después de pasar mi primera navidad en Londres, lejos de mi familia, me subí a un tren nocturno de ScotRail con dirección a Edimburgo. Llegué a la estación Waverley temprano en la mañana y mientras caminaba por Princes St., logré divisar el monumento a Scott a unos pocos metros de mí. Fue como haber estado viajando a través del tiempo y el espacio, y poner finalmente un pie fuera de la Tardis. Me sentía abrumada, feliz, y muy cansada. Iba a comprarme un café y esperar a que se hiciera una hora más decente para ir al Bed and Breakfast donde había quedado en encontrarme con Mariel, pero empecé a caminar, con valija y todo, y sin darme cuenta, llegué a la Royal Mile. Mis ojos estaban fuera de sus órbitas, sin poder absorberlo todo. La ciudad recién se estaba despertando y por unos minutos era como tenerla solo para mí. Estos son los momentos que no se pueden planificar cuando viajas, simplemente suceden.


¡Buenos días, Edi!

No podía esperar a tener mi primera conversación real con un lugareño. ¿Les iba a entender el acento? ¿Iban a ser tan amables y amigables como me los imaginaba? Fui al primer café que vi abierto (esto fue antes de que tuviéramos Google maps en el celular) y con toda la emoción del mundo pedí un cappuccino y un muffin de arándanos. “¿De dónde eres?”, me preguntó ni bien abrí la boca tras notar mi acento. En mi cara se debe haber reflejado la decepción más grande. El chico era español. “Soy de Uruguay”, contesté en inglés, apenas molestándome en abrir la boca para articular esas palabras. “¿Noruega?” “U-RU-GUAY.” “¡Ah, te viniste desde Uruguay!”, me respondió ahora en español, mostrándose casi tan emocionado como yo unos segundos atrás cuando anticipaba lo que se suponía iba a ser mi primer encuentro con un escocés. Hablamos por un rato, me recomendó que fuera a levantar las entradas que había comprado online para Hogmanay (fiesta y concierto para despedir el año) y me deseó un feliz año. Encontré una mesa para uno libre y me senté a mirar la gente pasar.


Los ómnibus de dos pisos nunca pierden su encanto

Cuando se hizo la hora de ir a nuestro alojamiento, caminé hasta la parada del ómnibus que los dueños habían mencionado en sus mails. Sin saber cómo, me entreveré con los cambios de ruta por el corte de las calles para los festejos y me quedé ahí parada con un mapa en la mano y sin saber para dónde agarrar, completamente confundida. Se me acercó un hombre y me preguntó si necesitaba ayuda. ¡Era un escocés de verdad! ¡Y estaba hablando conmigo! No solo me ayudó a darme cuenta dónde estaba mi parada, también me acompañó hasta allí y me dijo cuánto tenía que esperar para que llegara el siguiente ómnibus. A ver, esto pasa en cualquier otra parte del mundo y: 1) suerte para dar con alguien que se dé cuenta de que estás perdida y 2) me habría puesto nerviosa que un extraño caminara conmigo y supiera a dónde estaba yendo. Bueno, no en Escocia. El acento genera confianza.


Quiero cantar, cantar mi canción


Una vez que me encontré con Mariel, empezamos a planificar los próximos días y, como se haría nuestra costumbre, enseguida reservamos lugares en un tour a pie. Es la forma más eficaz de familiarizarte con una ciudad nueva. Los guías no solo te enseñan hechos históricos sobre el lugar donde estás parada, también saben a dónde ir y qué comer, cómo moverse en la ciudad y en general suelen compartir sus sitios favoritos, esas joyitas escondidas que nosotros, los turistas, podemos pasar por alto en nuestro afán por tachar de la lista los lugares más turísticos, en especial si es nuestra primera vez allí.



Unos minutos después de empezado el tour, descubrí que los escoceses son bastante supersticiosos y salieron favorecidos con el don de contar historias. A ver, les explico. ¿Qué es lo primero que piensan cuando digo “el dedo gordo de Hume”? Sí, David Hume, el filósofo. Seguro que: “¿de qué diablos habla esta?”. ¿Qué hay del hocico de Greyfriars Bobby? ¿Que qué Bobby se preguntan? Bueno, según parece, a la gente de Edimburgo les copan estas tradiciones. Dice la leyenda que cuando pasas por delante de cualquier de estas dos estatuas famosas, tienes que frotarles el dedo gordo del pie y el hocico, respectivamente, para tener buena suerte, en los exámenes si eres estudiante o sencillamente en la vida, y quién va a ponerlo en duda.


El corazón de Midlothian

Las tradiciones locales, ya sean reales o inventadas para mantener entretenidos a los turistas, no terminan ahí. Cerca de la catedral de St. Giles en la Royal Mile, hay un corazón en el suelo. El Corazón de Midlothian indica donde alguna vez estuvo, en la época medieval, la puerta de entrada a Tolbooth, un edificio gubernamental donde solían encarcelar a aquellos que no podían pagar sus multas. Los transeúntes escupen sobre el corazón en señal de desprecio hacia las autoridades que representa, o para tener buena suerte. Nuevamente, ¿quiénes somos para ponerlo en duda?


Otra gran tradición es la de nombrar a los pubs en honor a hechos extraños que se fueron transmitiendo de generación a generación como leyenda folclórica. Por ejemplo, el pub de Maggie Dickson. ¿Qué se esconde atrás del nombre de un pub? Les cuento. Este pub está en Grassmarket, el lugar de Edimburgo donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas. Maggie Dickson era una mujer que en el siglo XVIII cometió el delito de ocultar su embarazo y fue sentenciada a la horca. Sin embargo, resulta que cuando la llevaban a su pueblo para enterrarla, el ataúd se movió y descubrieron que estaba viva. Se determinó que ya había cumplido con su condena así que le perdonaron la vida. Vivió 40 años más después de este incidente y se dice que le ofrecía algo de comer y palabras de aliento a los que iban camino a ser ejecutados, justo enfrente a donde ahora está el pub.


Más tarde, subimos la colina Calton Hill y nos encontramos con una de las tradiciones más tiernas que hoy en día se ha extendido a otras partes del mundo. En la cima, hay bancos con la ciudad a sus pies y en estos bancos se han colocado placas con dedicatorias en memoria de seres queridos que fallecieron pero que en vida sintieron una conexión especial con Edimburgo. No voy a mentir, buscamos cuánto salía porque por supuesto que queremos nuestro propio banco en este lugar soñado. Para que sepan, son casi 2000 libras por 20 años de mantenimiento, y hay una lista de espera.



Si no crecemos, nunca lo vamos a saber


Cuando el desayuno completo es COMPLETO

Por último, hablemos de lo que de verdad importa. Cuando se trata de la gastronomía escocesa, no sabía bien qué esperar. Los blogs que leí eran contradictorios respecto a este tema. No tuvimos que esperar demasiado para el momento de la verdad ya que nuestros anfitriones, Annie y Sandy, nos prepararon un desayuno inglés todas las mañanas que nos quedamos con ellos, black pudding y porridge incluidos. No estamos acostumbradas a ingerir tanta comida al principio del día pero resultó ser el impulso de energía necesario para recorrer la ciudad en pleno invierno. Aun así, las dos estuvimos de acuerdo en que sería algo que no podríamos mantener a la larga, sobretodo si lo teníamos que preparar nosotras mismas. Dado que los uruguayos son en su mayoría carnívoros y no desperdician ninguna parte del animal que consumen, el black pudding no me pareció particularmente desagradable, su contenido y su gusto se parecen al de nuestras morcillas. Sí me pareció un poco raro que lo sirvieran en el desayuno, pero hay cosas más raras en la vida.


Hablando de raro, no olvidemos el haggis. Este plato tradicional hecho con hígado, corazón y pulmón de la oveja no es para todo el mundo. Es lo que se dice un gusto adquirido, aunque cuando te has pasado el día caminando en la intemperie a temperaturas bajo cero y entras a un pub calentito y en el menú ofrecen haggis con neeps (nabos) y tatties (papas) en salsa de whisky, difícil rechazar una comida caliente bañada en alcohol… o las calorías. La bebida con la que se acompaña, bueno, esa es otra historia. ¿Han escuchado hablar de Irn-Bru? Hasta ese momento, no teníamos ni idea de que este refresco naranja de apariencia radioactiva era 100 % escocés y, dentro de sus fronteras, las ventas superan las de Coca-Cola. No es tarea fácil describir su sabor; es artificial, eso seguro, algo similar a una bebida cítrica o Gatorade.


Quiero sentirme joven para siempre


Nunca me voy a olvidar de la primera vez que escuché a un gaitero tocando la banda sonora de nuestra aventura en tierras escocesas o el juego de “alerta de kilt” que inventamos mientras nos gastábamos las suelas de los zapatos caminando por las calles de Edimburgo. Está bien, lo admito, cuando estás en la ciudad por varios días, el cancionero tiende a volverse algo repetitivo, pero si tocan una gaita cerca de mí en cualquier otra parte del mundo, automáticamente se me dibuja una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Me pasa lo mismo cuando hago memoria y recuerdo los días que pasamos buscando la foto perfecta de un hombre en kilt para mostrarles a nuestros amigos, lo que en su momento no me daba tanta vergüenza como ahora que lo escribo. Fue algo que sucedió de forma azarosa ni bien nos dimos cuenta de que es muy común verlo durante las fiestas, ya sea con botas militares a la salida de la catedral, para tocar la batería (¡sin camisa!) en un concierto de fin de año, en la puerta del pub o camino a un casamiento, el kilt es una prenda única que no puede faltar. Estábamos en el paraíso.


Quiero sentirme como me sentí antes


¿Vieron ese sentimiento que sobreviene cuando la realidad no está a la alturas de las expectativas? Llámese decepción, frustración, enojo o simplemente tristeza, ninguno podría aplicarse jamás a mi primera vez en Escocia, y ni siquiera habíamos pisado las Highlands todavía. Cada pequeña cosa que hicimos iba acompañada de una sensación de asombro propia de un niño y creo que es esa sensación lo que he intentado reproducir en cada uno de los viajes que he hecho desde esa última semana del año en el 2012.



14 vistas

© 2019 Runaways.uy All rights reserved. Todos los derechos reservados.

  • b-facebook
  • Twitter Round
  • Instagram Black Round